Las escuelas de Estados Unidos ofrecen educación de alta calidad, pero nuestros niños reciben oportunidades educativas desiguales. Mucha de esta disparidad se da en torno a consideraciones raciales y étnicas. Los niños de color tienen más probabilidades de asistir a escuelas con menos recursos, y esto es en todo el país. Todo estudiante debe tener la oportunidad justa de alcanzar el máximo de educación que le sea posible. La oportunidad y la equidad no son sólo valores esenciales de los estadounidenses, sino también son principios jurídicos fundamentales que están amparados por los tribunales federales.
En 1954, la Corte Suprema sentenció que el sistema de segregación racial de las escuelas sureñas del país violaban la constitución de Estados Unidos (Brown v. Board of Education). Esta decisión, que ya lleva más de 50 años, y los casos posteriores, empujaron a un gran cambio y pusieron punto final a la segregación convencional en las escuelas sureñas. Aun así, en las últimas dos décadas esto se ha puesto peor que nunca en todo el país ya que a los niños se les niega gozar de oportunidades y diversidad. Nuestras escuelas públicas están tan segregadas como cuando antes del caso Brown y, peor aún, los distritos escolares que tratan de lidiar con esta disparidad racial se encuentran bajo fuego, aún en los sistemas escolares con precedentes de segregación racial por mandato.
La Corte Suprema acaba de decidir sobre dos casos recientes de programas que se ocupan del aislamiento racial y tratan de dar las mismas oportunidades educativas a todos los niños, sin importar su raza. La Corte escuchó los argumentos de Seattle y Loisville, Kentucky, y la resolución de estos casos afecta a millones de niños en toda la nación. La Corte estableció que los dos programas eran inconstitucionales, pero la mayoría de los jueces, por un voto, decidió que la diversidad es todavía “una preocupación obligatoria del estado”.
En 1973, un juez federal decidió que las escuelas públicas en Louisville, Kentucky, estaban “oficialmente” segregadas. Se les ordenó dejar de segregar en 1975 y el tribunal las vigiló hasta el 2000. Para ese entonces, la Junta Educativa adoptó una política para tratar de asegurar que las escuelas no volvieran a ser segregadas y estableció metas para que la mayoría de escuelas lograran cierto balance racial que reflejara de manera general la clase de población del distrito en su conjunto. Esta política es sólo una parte de un esfuerzo general al que todavía le falta mucho para garantizar las mismas oportunidades educativas para todos los muchachos. Es este caso, el distrito escolar se vio amonestado por tratar de acatar lo que el tribunal le había ordenado hacer con anterioridad.
En Seattle, la Corte nunca consideró a las escuelas como segregada, pero la ciudad ha batallado en contra de la segregación escolar generalizada durante los últimos cincuenta años. Los niños de color de Seattle enfrentan numerosos obstáculos para obtener oportunidades educativas equitativas. La ciudad ha reconocido estos problemas y ha intentado muchas rectificaciones, pero su plan más reciente para garantizar la diversidad está siendo atacado por los padres.
Aunque ya han pasado más de cincuenta años desde el caso Brown v. Board of Education (Brown contra la Junta Educativa), la segregación y el comportamiento racista no son cosa del pasado. Si no se establecen normas para que las escuelas sean el reflejo de sus comunidades locales más grandes, las batallas contra la segregación se tendrán que pelear en el tribunal una y otra vez conforme las escuelas entren y salgan del ciclo de segregar y no segregar.
Todo estudiante debe tener la oportunidad justa de alcanzar el máximo de educación que pueda y de ser educado en lugares integrados. La oportunidad y la equidad no son sólo valores esenciales de los estadounidenses, sino también son principios jurídicos fundamentales que los tribunales federales han amparado en el pasado. Aún estamos bajo los efectos de un largo legado de segregación y discriminación racial en este país, particularmente en lo referente a educación pública. Los programas que tratan de asegurarse de que haya diversidad en sus cuerpos estudiantiles y de que los niños tengan las mismas oportunidades para salir adelante (incluso los niños más pequeños), a la larga, sólo nos benefician.